
La pregunta de compra se plantea casi siempre igual: ¿instalado en nuestro servidor o contratado en la nube? Estas son las cinco diferencias que de verdad cambian algo, y no son las que aparecen en la lista de funciones.
1. Dónde están los datos
En la nube, los registros están en la infraestructura del proveedor. En local, en tu servidor. La diferencia solo importa cuando alguien te la pregunta por escrito: una auditoría, un cliente industrial, una licitación pública. Ahí la respuesta «están en la nube del proveedor» cierra conversaciones.
2. Cómo se paga
Nube: cuota mensual por usuario, para siempre. Local: licencia permanente más el servidor que ya tienes. A tres años, el local suele salir más barato; a seis meses, la nube casi siempre gana. La pregunta correcta no es cuál es más barata, sino cuánto tiempo vas a usarlo.
3. Quién mantiene el sistema
En la nube, el proveedor actualiza y hace copias de seguridad. En local, eso es tuyo: actualizar, respaldar y probar el respaldo. Muchas empresas eligen local y descubren en el tercer año que nadie ha probado una restauración.
4. Hasta dónde escala
Un servidor bien dimensionado gestiona del orden de 2.000 equipos. Por encima, hay que repartir. En la nube el límite lo pone el contrato, no el hardware – pero también lo pone la factura.
5. Cuánto cuesta salir
De local a otro local: se copia la base de datos. De nube a otro sitio: hay que exportar, y la forma de exportar depende del proveedor. Preguntar «¿en qué formato puedo sacar todo?» antes de firmar es gratis y ahorra años.
Cómo decidir en cinco minutos
- ¿Algún cliente o norma exige que los datos no salgan de tu red? Si sí, local.
- ¿Vas a usar esto más de tres años? Si sí, el cálculo económico cambia.
- ¿Tienes a alguien que pueda actualizar y restaurar un servidor? Si no, o lo externalizas o eliges nube.
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