
Casi todos los productos del mercado ofrecen un módulo de «registro de teclado». Nosotros no. Contamos pulsaciones y no guardamos lo que se escribe, y no es una limitación técnica: es una decisión.
El registro de contenido casi nunca se usa
Pregunta a cualquier responsable que haya tenido ese módulo activo durante un año cuántas veces lo abrió. La respuesta habitual es «una o dos veces, por curiosidad». Guardar contenido durante doce meses para usarlo dos veces es un riesgo con muy poco retorno.
Tres costes reales
- Contraseñas y datos personales. Lo que se escribe incluye contraseñas, datos de clientes, contenido médico. Una vez almacenado, ya está en el alcance de cualquier brecha.
- Principio de minimización. Las normas de protección de datos piden recoger lo necesario para el fin. Si el fin es medir carga de trabajo, el texto no es necesario.
- Defensa en un conflicto. «Registramos todo lo que escribe» es muy difícil de defender; «contamos actividad por intervalos» se explica en una frase.
Lo que sí contamos
Número de pulsaciones por intervalo, junto con tiempo activo e inactivo. Eso responde a la pregunta que la empresa realmente hace – «¿hay trabajo real detrás de estas horas?» – sin guardar una sola palabra.
Cuándo se necesita algo más
Hay casos legítimos de auditoría de contenido: entornos regulados, investigación de una fuga concreta, equipos compartidos con acceso a datos sensibles. Para eso existen mecanismos acotados en el tiempo, con autorización escrita y registro de quién consulta qué. La diferencia es que son excepciones con fecha, no la configuración por defecto de toda la plantilla.
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