Contamos pulsaciones, no lo que se escribe: y por qué

Casi todos los productos del mercado ofrecen un módulo de «registro de teclado». Nosotros no. Contamos pulsaciones y no guardamos lo que se escribe, y no es una limitación técnica: es una decisión.

El registro de contenido casi nunca se usa

Pregunta a cualquier responsable que haya tenido ese módulo activo durante un año cuántas veces lo abrió. La respuesta habitual es «una o dos veces, por curiosidad». Guardar contenido durante doce meses para usarlo dos veces es un riesgo con muy poco retorno.

Tres costes reales

  1. Contraseñas y datos personales. Lo que se escribe incluye contraseñas, datos de clientes, contenido médico. Una vez almacenado, ya está en el alcance de cualquier brecha.
  2. Principio de minimización. Las normas de protección de datos piden recoger lo necesario para el fin. Si el fin es medir carga de trabajo, el texto no es necesario.
  3. Defensa en un conflicto. «Registramos todo lo que escribe» es muy difícil de defender; «contamos actividad por intervalos» se explica en una frase.

Lo que sí contamos

Número de pulsaciones por intervalo, junto con tiempo activo e inactivo. Eso responde a la pregunta que la empresa realmente hace – «¿hay trabajo real detrás de estas horas?» – sin guardar una sola palabra.

Cuándo se necesita algo más

Hay casos legítimos de auditoría de contenido: entornos regulados, investigación de una fuga concreta, equipos compartidos con acceso a datos sensibles. Para eso existen mecanismos acotados en el tiempo, con autorización escrita y registro de quién consulta qué. La diferencia es que son excepciones con fecha, no la configuración por defecto de toda la plantilla.

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